El trumpo-mambí se desencadena.
Esta historia ha sido escrita en el cubano más puro y rebuscado. Búsquese un diccionario cubano-español —preferiblemente uno aprobado por la Real Academia de la Lengua, si es que lo encuentra—, o siento decirle que, a no ser que sea cubano de nacimiento y mal educado en Cuba, lo más probable es que no entienda ni un carajo.
Había una vez un cubano que quería tumbar a Fidel.
Le encantaba que lo llamaran el Mambí y andaba por to'as partes haciendo revolución patrióticamente. Lo conocí cuando los Fonomemecos anunciaban Metro Piece of Shit y Hialeah era Jayalia: fango y factoría.
Me lo presentó Cheo, un amigo de la familia a quien andaba visitando en el este de la ciudad que progresa, nombrete` extraoficial de esta extensión terrenal de naturaleza salvaje, solares baldíos e ínfulas de ciudad.
El Mambí era un cubano cualquiera con una aburrida historia de miliciano que trataba de ocultar sin mucho éxito; era alardoso y escandaloso a más no poder. Durante mi visita, no cerró el pico ni un segundo, chillando todo el tiempo sobre sus hazañas en Cuba, faja'o con el comunismo, y sus patrióticos esfuerzos hoy en Jayalia organizando la lucha pa' tumbar a Fidel... de la tumba.
Mi amigo Cheo lucía algo apenado y trataba de cortarlo, pero aquel loco de mierda no guardaba el machete ni pa' sacarse un moco. El tipo no tenía frenos.
Ya yo estaba a punto de preguntarle cuándo salía la invasión pa' ir a tumbar a Fidel, cuando Cheo, mi anfitrión, se levantó del sofá y, como quien no quiere las cosas, me pidió que lo acompañara a recoger a su hija en la escuela.
Ay, Mambí de mi vida.
En el camino, Cheo me confesó que el Mambí, quien era su amigo, entre comillas, desde los tiempos de Cuba y vivía en un efichenci en la casa de enfrente, era un comemierda más del montón. En pocas palabras: que en Cuba fue un cederista comecandela, y ahora andaba por to’ Jayalia tumbando a Fidel como si na'. Era, en definitiva, un cubano típico de Miami.
La confesión de Cheo no me sorprendió en lo absoluto. Así que, le propuse cambiar de tema y nos pusimos a hablar mierda mientras nos fajábamos pacientemente con el tráfico miamense.
Una hora más tarde, estábamos de vuelta. Ahí estaba el Mambí, recostado a la cerca, esperando a la próxima víctima. Esa víctima no sería yo, pa' su madre. Me bajé del carro de Cheo y, muy decentemente, entre comillas, me despedí y me largué pal carajo.
Así terminaría mi visita y, con ella, mi corta estancia en el sur de la Florida; un par de días más tarde me largaría con la esperanza de jamás regresar.
Veinte años más tarde: la vida dio sus vueltas y jamás jamás sucedió.
Estoy de vuelta en el carnavalesco y solariego Miami, donde descubro, apenas llegar, que a los cubanos hoy les gusta más Tron que las croquetas del Versailles.
El ambiente en la ciudad, una vez en las afueras del aeropuerto, me trajo memorias del tufo revolucionario que se respiraba en La Habana en vísperas de una manifestación masiva contra el imperialismo y la gusanera.
Solo caminar por Calle 8 y ya me sentía asfixiado, atrapado en una marea roja de Meik Amerika Grei Oguein; a cada paso, como caído del cielo, cubano que me tropezaba cubano que me traía de vuelta al místico Mambí de veinte años atrás.
El trumpo-Mambí se desencadena.
Ese, el Mambí, si aún está vivo, probablemente anda por alguna esquina de Jayalia cumpliendo sus sueños cederistas, con la cabeza bien alta, luciendo su gorra roja con las palabras mágicas estampadas, y casi seguro ha pintado su efichenci de anaranja'o y lo ha adorna'o con fotos de Tron a todo color.
Me imagino que entrar al efichenci del Mambí debe ser algo así como llegar a una Tron Tauer de cartón: la taza del inodoro pinta'a de anaranja'o, pelucas anaranja' de diez por un dólar del Ño que barato regadas por el piso, por la cama y hasta por la cocina. ¡Hasta el perro debe llamarse algo así como Tronpete o Tronpesón! ¡Pobre perro!
Mi viejo Mambí, seguramente, ni fin de año celebra; lo que de seguro le importa son las elecciones pa' que Tron gane. El día de las elecciones es su Navidad personal: organiza una fiesta en el efichenci poniendo como condición que todo el que asista se encasquete una peluca anaranja'a y una gorra roja que grite bien alto Meik America Grei Oguein.
En la fiesta, entre tronpiza y tronpiza ordenadas en la Tronpizería de la esquina, que los invitados comerán con tenedor para honrar a Tron, el Mambí seguramente impondrá los temas de conversación.
Se discutirá, por ejemplo, cómo organizar las elecciones en Cuba con catorce partidos, después de que Tron vaya con capa de Superman, por supuesto, y tumbe a Fidel y los cubanos del exilio pongan a Otaola de presidente.
Por suerte, estoy convencido de que nada de eso va a suceder. Los trumpo-patriotas tienen la cabeza llena de mierda, y con eso no se llega ni a la esquina.